"Buenos Aires es amistad en la esquina de barrio y nostalgia de esa amistad en las calles del centro".

Jorge Luis Borges y José Edmundo Clemente

 

 

 

El lunfardo en los textos de Roberto Arlt

 

 

 

	Hoy,  estamos en el   año 2000, ya pasaron más de 120 años desde cuando el 18 de marzo de 1879, Benigno Baldomero Lugones publicó en el diario La Nación de Buenos Aires su famoso artículo "Los beduinos urbanos"  y  propuso: "Hablemos  un  momento  del caló de los ladrones, ... ", y en nota a pie de página estampó: "Pronúnciese en esta y demás palabras del lunfardo.... ". "El lunfardo ha pasado por sucesivas etapas de renovación, lo que no debe sorprender, porque el lenguaje es un fenómeno esencialmente dinámico" . 
	Los lenguajes marginales denominados argots, calós, germanías son empleados por ladrones e individuos al margen de la legalidad jurídica desde tiempos inmemorables, y se distinguen por su abundancia de metáforas y elementos poéticos, por lo que llegan a ser incomprensibles para quienes no lo conocen. Jorge Luis Borges dice del lunfardo "... es jerigonza ocultadiza de los ladrones. El lunfardo es un vocabulario gremial como tantos otros, es la tecnología de la furca y de la ganzúa". Luego, Clemente complementa: "(...); pertenece a quienes hacen del delito su profesión. Su vocabulario resulta completamente oscuro para los no iniciados; (...)". Décadas posteriores, la profesora  Rita Gnutzmann, autora de diversos estudios sobre la obra  arltiana, apunta: "..., es un lenguaje especial, creado para excluir a los demás grupos sociales". 
	Sin embargo, el mismo Borges, en otra obra suya, opinaba respecto a Arlt y el lunfardo: "Recuerdo a este propósito que a Roberto Arlt le echaron en cara su desconocimiento del lunfardo y que replicó: 'Me he criado en Villa Luro, entre gente pobre y malevos, y realmente no he tenido tiempo de estudiar esas cosas'. El lunfardo, de hecho, es una broma literaria inventada por saineteros y por compositores de tangos y los orilleros lo ignoran, salvo cuando los discos del fonógrafo los han adoctrinado". 
	 Arlt es "un escritor que comprendió como nadie la ciudad en que le tocó nacer". Con respecto a las críticas de los intelectuales de la época el escritor uruguayo Juan Carlos Onetti dice: "No sabía es cierto, (...) pero sí dominaba la lengua y los problemas de millones de argentinos, ... " .
	Arlt libró batallas por un lenguaje vivo. Ya a través de su obra, ya por intermedio de la crítica periodística, tomamos como ejemplo una aguafuerte llamada  "El idioma de los argentinos", en ella polemiza con el escritor y crítico Monners Sans: "Los pueblos que, como el nuestro, están en una continua evolución, sacan palabras de todos los ángulos, palabras que indignan a los profesores, ... no pueden obligarnos a decir o escribir:  `llevó a su boca un emparedado de jamón', en vez de decir: `se comió un sandwich...' (...)",  y también defiende el uso de la lengua coloquial y argótica del porteño (el lunfardo): "Cuando un malandrín que le va a dar una puñalada en el pecho a un consocio le dice: 'Te voy a dar un puntazo en la persiana', es mucho más elocuente que si dijera: 'voy a ubicar mi daga en su esternón'." 
	Alguna vez Martínez Estrada dijo que "Un idioma no es lo que está atesorado en el diccionario y en la gramática, sino lo que se habla...". El lunfardo no está en la gramática castellana, no lo enseñan en la escuela, pero los hablantes porteños lo aprenden naturalmente porque el lenguaje no es sólo el encadenamiento verbal que respeta las reglas de la gramática, es también imágenes, sensaciones y modos expresivos que rebasan los límites de la norma.

Es notable, en los textos de Roberto Arlt, su estilo muy personal. Destacamos como una de las peculiaridades positivas de sus escritos la riqueza de su léxico. Casi todos en argentina comprenden lo que él escribe en sus cuentos, novelas, aguafuertes o piezas de teatro. Un ejemplo es un fragamento de Los siete locos. El farmacéutico responde con el lenguaje vivo de la calle ante el pedido desesperado del endeudado Erdosian y produce este legendario pasaje:

"-Pero, decime, ┐vos no podés prestarme esos seiscientos pesos?

El otro movió lentamente la cabeza:

-┐Te pensás que porque leo la Biblia soy un otario?

Erdosian lo miró desesperado:

-Te juro que los debo.

De pronto ocurrió algo inesperado.

El farmacéutico se levantó, extendió el brazo y haciendo chasquear la yema de los dedos, exclamó ante el mozo del café que miraba asombrado la escena:

Rajá, turrito, rajá."

Parafraseando al propio Arlt podemos decir que el "Rajá, turrito, rajá" es mucho más elocuente que si se dijiera "Retírese, tonto, retírese".

El tono y la actitud del farmaceutico no son propios de un delicuente habituado a hablar en un lenguaje profesional. Él es un buen porteño y como tal se muestra "piola", esta expectante y de vuelta de todo para que nada lo sorprenda, ni el "manguero" Erdosian. El farmacéutico muestra que ha aprendido la picardía de una ciudad como Buenos Aires lleno de malandras en donde ser inocente representa una desventaja.

El lunfardo, como el argot francés, la giria brasileña, la coa chilena y la replana de los peruanos, terminó por trascender del círculo estricto de los chorros, punguistas, y demás componentes del hampa para llegar al conocimiento público a través de la transmisión oral, de los sainetes, de las letras de tango y, también del periodismo popular y de los escritores costumbristas. "Si palabras del lenguaje ...'lunfardo' en la Argentina han penetrado en el léxico popular significa que han perdido su función más importante de clave y, por lo tanto, ya no son utilizables en su campo de origen."

El lunfardo de Buenos Aires se nutrió de muchas palabras de la inmigración, hay en él un "proceso de asimilación, que nadie dirige o influye con su intervención personal, se registra un claro fenómeno selectivo, obediente a las causas que originan las modalidades dialectales del pueblo, vinculados con los requisitos de la eufonía y de las exigencias conceptuales. De ahí que la masa anónima adopte ciertas voces y las difunda, incorporándolas, en definitiva, a su conversación corriente, mientras rechaza a las otras de firme después del período que les concedió a título de prueba".

Los estudios de léxico del habla popular porteña han llevado a Gobello a construir una definición más o menos adecuada: "El lunfardo es, a mi entender un repertorio de términos traídos por la inmigración, durante la segunda mitad del siglo pasado y hasta el estallido de la primera gran guerra, y asumidos por el pueblo bajo de Buenos Aires, en cuyo discurso se mezclaban con otros de origen campesino, y quechuismos y lusismos que corrían ya en el habla popular, conformando un léxico que circula ahora en todos los niveles sociales de las 'repúblicas del Plata'."

En este trabajo no vamos a enumerar o explicar todo el léxico lunfardo, solamente hemos seleccionado algunas de las voces encontradas en los textos de Arlt para ver cómo son tratadas en dos diccionarios: el Nuevo diccionario lunfardo, de José Gobello y el Diccionario de voces y expresiones argentinas, de Félix Coluccio.

Volviendo al fragmento de Los siete locos, de él destacamos las voces "rajá" y "turrito". Como generalmente, las flexiónes verbales no aparecen en la mayoría de las obras lexicográficas, y los diccionarios de Gobello y Coluccio no escapan de esa característica, para no buscar en vano el vocablo "rajá", vamos, en su lugar, a la búsqueda del infinitivo "rajar". En el de Gobello ese vocablo nos remite a "najar". A continuación transcribimos las entradas encontradas en los diccionarios mencionados:

"Najar. Lunf. Irse, marcharse ("Najé a una fonda cercana... ". Iriarte, Batifondo...). // Huir; correr, andar velozmente. // Despedir, obligar a alguien a retirarse. Del caló najar: correr, escapar, huir, por cruce con junar dio najusar, najushiar: ver mirar ("-Najusá, che, Carola, estoy muy chivo... ". Manco, El arrabal..., 3); irse, marcharse ("...después en un descuido de ella, se najushiaba nuevamente". Villamayor, La muerte..., 11). Por confusión acústica con el esp. rajar: hender, romper, apareció, en la primera década del siglo XIX , rajar, con los mismos significados de najar ("... y rajó hasta el cotorro de la percanta...". Fernández, Versos..., 85). Circula la forma protética enajar. Enajamiento, najamiento, najusamiento, najushiamiento: partida, huida; expulsión. Enaje, raje: partida, juida; expulsión. Rajar de corbata: huir cambiando constantemente de dirección para despistar a los perseguidores (por el cast. corbata: en el juego de billar, paso de la bola del que juega entre las que se proponía herir y dos bandas que forman ángulo)."

Como vemos, el Nuevo diccionario lunfardo nos permite saber más sobre el significado del vocablo "najar", el cual tiene su origen en el gitano llamado "caló", igual significado y uso tiene de "rajar" (se formó por confusión acústica con el español rajar). Es decir que para nuestro caso, la definición: "obligar a alguien a retirarse", nos ayuda a comprender, en parte, "el raja, turrito, raja". Para que el contenido de la definición resulte claro, Gobello nos proporciona abundantes ejemplos extraídos de las más variadas obras literarias. Esto viene a confirmar una de las características del lunfardo, "no hay término lunfardo que no sea a la vez literario y coloquial."

"Rajar. En l.v. huir, escapar velozmente, despedir con cierta falta o muy poca urbanidad a alguien. Decir algo groseramente, etc. (Un par de maniobras y me deslizaba por el túnel hacia la libertad de la calle. Al asomar el paragolpes en la vereda me rajaron un insulto. Frené, sorprendido. El semáforo me protegía y la chicharra sonaba como un taladro. M.A.)".

Por su parte, el Diccionario de voces y expresiones argentinas trae tres acepciones del vocablo "rajar" y sólo da un ejemplo, el que corresponde al significado 'decir algo groseramente'. La definición que nos interesa es la que dice: 'despedir con cierta falta o muy poca urbanidad a alguien'. Las iniciales M.A ., en principio, son un enigma. En ellas se invoca a una autoridad. Para develar su identidad precisamos ir hasta la página 117 de la obra. Allí nos enteramos que esa abreviatura corresponde a Marcos Aguini, pero como el autor retacea información, no llegamos a saber en esa página cual es la obra de la que se extrajo el ejemplo citado. Para develar la incognita vamos a la página referente a bibliografía, en ella nos enteramos que la obra es Profanación del amor. Buenos Aires, 1982. No consta la editora y con respecto al autor de la obra hay una contradicción, pues en un lugar se lo cita como Aguini y en otro como Aguinis. Nos quedamos con esa duda.

El otro vocablo seleccionado es el diminutivo "turrito". Vamos, entonces, a la búsqueda de "turro".

"Turro. Pop. Incapaz, inepto, necio ("Che..., supe, que a ese por turro / Como ratón pa la cueva, / Lo portaron pa' la Nueva / Porque hizo chillar el burro". Iriarte, Batifondo...). // Ruin, vil, de sentimientos innobles ("Cuando tipos bien vestidos buscan darnos conversación, tenemos que cuidarnos. O son tiras o son turros". Kordon, La vuelta..., 74). El femenino turra se aplica a la mujer que se entrega con facilidad, por vicio o por interés. La primera acepción puede ser deformación del esp. tuno: bribón; la segunda y el femenino acusan un visible cruce con atorrante. Turrear: holgazanear ("...Las hermanas en la puerta y el hermano contemplando la media docena de vagos que turrean en la esquina". Arlt, Aguafuertes..., 1933, 71). Turrero: rufián que explota prostitutas de ínfima condición."

El lexicógrafo Gobello parece ser más atinado, tanto en la elección de los autores como también de las obras. También destacamos la abundancia de ejemplos, pues ellos resultan indispensables para el público al cual está dirigido la obra, esencialmente estudiantes que desean esclarecer dudas o traducir textos literarios, u otros lectores que quieren ampliar conocimientos del léxico lunfardo.

"Turra. En l.v., dícese de la mujer que comercia con su cuerpo. // Además se emplea, tanto como el masculino, para aludir sin intención de ofender a alguien que hace buenos negocios, que tiene suerte en el amor, etc. Es usar un vocablo poco elegante para ponderar. // A veces se emplea con sentido despectivo, pero no guarda relación con la primera acepción que aquí damos. (Una de las turras, la Nélida, la de enfrente, la que hubiera sido capaz de entregarse hasta a Don José, era una turbia amiga de Doña Luisa Azul, de Pocha Huevo, J.A .)".

El diccionario de Félix Coluccio no trae "turro" sino "turra". Es muy parco en sus explicaciones, sólo trae la definición del vocablo y un ejemplo. Las otras explicaciones en nada ayudan a un lector no porteño a descifrar "el turrito" proferido por el farmacéutico en el fragmento expuesto de Los siete locos. En suma, el diccionario de Gobello nos satisface más, pues tiene mejores explicaciones y más ejemplos de uso que el de Coluccio que tiende a la escasez de informaciones

"Ester Primavera" es un cuento que fue publicado por primera vez en el diario La Nación, en julio de 1928. Elegimos este texto porque la acción se desarrolla en un ambiente de maleantes y canallas. Notamos, en algunos trechos, la utilización de voces populares y lunfardas, pues a sus personajes ("chorros" y "rateros") los recuerdos los trasladan al arrabal porteño, de fines de la década del 20. En otras palabras, Arlt se vale del lunfardo por una necesidad literaria, para darle más veracidad a sus relatos.

En "Ester Primavera" se aborda el tema de las argucias del hombre para alcanzar un auténtico conocimiento de la mujer, la presencia idealizada de la mujer a quien amó sin lealtad constituye el mundo privado del enfermo. El narrador es un canalla que pasa los últimos días de su vida recluído en un sanatorio para tuberculosos. Setecientos días han pasado desde que cometió una cruel infamia contra Ester Primavera, una mujer honesta y pura. En un primer momento, la muchacha lo atrajo, luego surgió la desconfianza, posteriormente, le comete un daño irreparable porque quería que ella lo odiase para siempre. El objetivo era ser entrañable por el daño. Ahora, carga con el remordimiento y junto con otros cuatro canallas se reunen todas las noches a tomar mate para charlar, recordar de las "chambonadas" y jugar a cual es el más canalla de todos. En los fragmentos seleccionados a continuación resaltamos las voces lunfardas:

"El primero que llega es Sacco, cabeza de cebolla y tórax de pugilista, más pálido que un cirio, y que en Buenos Aires fue 'lancero'. Tiene el prontuario más largo que una tesis". (...)

"A mí me sorprendió el terrible dolor pulmonar una mañana de verano, a Paya le subió la sangre en surtidor a los labios una noche en un 'escolaso' en que se jugaba dos mil pesos... " (...)

"... y luego las partidas de naipes interminables, la emoción de los encuentros, los paseos en el carro celular al `juzgado', las historias de estafas, el prolegómeno de la cárcel de encausados, la carta que se escribe para engatusar a un 'gil' con el cuento de la quiebra fraudulenta..."

En este cuento el lunfardo y el lenguaje vulgar se limita a las conversaciones que tienen los cinco canallas. El narrador emplea dos tonos distintos según la situación narrada, si se refiere a sus compañeros de enfermedad aparece el lunfardo ("lancero, escolaso, gil"), cuando piensa en Ester Primavera su tono es otro y no se detecta la presencia de voces lunfardas o utilización de lenguaje vulgar. Del vocabulario apuntado, seleccionamos "gil".

Muchos vocablos como el mencionado, con el pasar del tiempo, han perdido sus connotaciones lunfardas. Clemente dice que perdieron su misión clave y ya no tienen el significado peyorativo, "mina" es un ejemplo: "En su comienzo fue voz delictuosa que indicaba a la mujer que producia renta con su propia cuerpo (...),"mina" adquirió una aceptación cercana a la novia".

El Nuevo diccionario lunfardo de Gobello define al "gil" como individuo tonto y añade:

"Gil. Lunf. Tonto ("En la estafa, el gil [sinónimo de otario} ve los objetos con que va a ser robado... ". Lugones, Los caballeros...). Del cast. gilí: tonto -y este del caló jil: cándido-, por cruce con el nombre propio Gil. Admite los aumentativos gilón y gilún -éste último con interferencia genovesa-, los despectivos agenovesados gilastro, gilastrón y gilastrún y las deformaciones giliberto -por influencia del nombre propio Gilberto-, gilimursi y gilurdo -por influencia del cast. palurdo). Corre el fem. gila ("Si vieras la cara de gila de la jovata". Kordon, Hacéle ..., 11). Gilada: colectividad de los giles ("... una pieza donde atiende a la gilada...". Bavio Esquiú, Juan..., 28). Gilería: acción propia de giles ("... es una gilería embarcarse sin tener el viaje de vuelta seguro... ". Saldías, La muchacha ..., Cuadro 2). Gilear: perder el tiempo tontamente ("Gileaba unos minutos tomando mate...". Reason, A rienda..., 87). Gil a cuadros. V. Cuadro. Forma vésrica: logi ("... ni hacer bolsa algún logi batidor..." . Gandolfi, Nocáu..., 57)."

José Gobello ha recogido y ordenado información sobre el lunfardo. Ha tenido el cuidado por la etimología y la procedencia de los vocablos. Como vimos en "rajar" y ahora en "gil", el origen proviene de otros lenguajes marginales lejanos en el tiempo, como el caló gitano o la germanía española. También se ha ocupado en colocar los derivados y ha seleccionado ejemplos utilizando innúmeras autoridades como Jorge Luis Borges, Enrique Cadícamo, Bioy Casares, Julio Cortázar, Manuel Puig y el propio Arlt sólo para citar algunas. La recurrencia a las autoridades señala el esfuerzo del autor para sacar las pesquisas de lunfardología del estado primitivo en que solían presentarse, como meros repertorios de términos del hampa, u otras veces como especulaciones sin fundamento. Gobello simpatiza con el lunfardo y su acercamiento afectuoso le hace ver que el lunfardo es sobre todo una forma lúdica y festiva del habla popular porteña. Además del origen, indaga la composición y la difusión de los vocablos. Notamos que "Gil a cuadros, gilastrún, gilberto, logi, gilimursi y gilurdo" llevan en su uso un sentido despectivo e impone un tono de afirmación condenatoria cuando se califica a alguien.

En el Diccionario de voces y expresiones argentinas:

"Gil. En 1 v. dícese de la persona fácil de engañar, casi tonta. (En su juicio, el hombre que es benévolo sin malicia está próximo a ser un "gil". Prefiere ser un canalla o parecerlo: pero si las circunstancias le ratifican una absoluta impunidad, se abandona a una benigna participación en los destinos ajenos. El hombre que está solo y espera de Raúl Scalabrini.Ortiz.). (...) -Es una ironía, gil -me retrucó Alberto. -Puede ser -admití un poco molesto por lo de "gil"-. (...) David Home, La nación, 27 junio, 1982)."

Según la definición de Coluccio, el hombre porteño coloca al "gil" en el último lugar de la escala que clasifica a los ingenuos. Su matiz conceptual se diferencia del "chambón" o del "boludo", y de cuantas sinonimias jergales traducen la candidez o la falta de perspicacia en un asunto determinado. A diferencia del de Gobello, este diccionario no se ocupa de la etimología de las palabras.

Para concluir con nuestro trabajo, recordamos que en algunas crónicas, Arlt se interesa por el origen de algunas voces lunfardas, en la aguafuerte llamada "Ahí viene la cana", presenta su peculiar versión del origen de la palabra "cana". Cuenta, con cierta ironía, que había un comisario de apellido Racana, que fue muy conocido por sus razias contra los pequeños malandras. Tanto los pibes utilizaron ahí viene Racana que terminó por desgastarse y la R y la A se fusionaron en "la" formando "la cana".